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la serpiente de mar

En julio de 1897, la cañonera francesa Avalanche, que estaba patrullando en el norte de la bahía
de Along, en el Tokin, trata de matar a dos serpientes de mar. Es la primera vez que un navío
de guerra dispara un cañonazo en contra de una de estas criaturas que se encuentran
entre los más famosos enigmas de la zoología.

un misterio de multiples identidades

primer encuentro

el retorno de los monstruos

un almuerzo agitado

monsrtruos a profusion

 Las serpientes marinas 

 La serpiente del "Dédalo" 

 El relato de los alemanes 

 Las serpientes de los franceses  

El caso del "Tampania" 

 Las serpientes muertas 

eL  horribre pez de Belle Ile 

 

SERPIENTE

SERPIENTE

cañonera francesa avalanche

serpiente de mar

serpiente de mar o cardumen de delfines

estraño despojo sacado del mar por los japoneses

SERPIENTES MARINAS

SERPIENTES MARINAS

En julio de 1897, la cañonera francesa Avalanche, que estaba patrullando en el norte de la bahía de Along, en el Tonkin, trata de matar a dos serpientes de mar. Es la primera vez que un navío de guerra dispara un cañonazo en contra de una de estas criaturas que se cuentan entre los más famosos enigmas de la zoología. La Avalancbe no es el primer buque en descubrir tales animales en la bahía de Along, pero es el único que lo encuentra tres veces en ocho meses y su experiencia constituye uno de los testimonios más importantes en favor de la existencia de la gran serpiente de mar.

Un misterio de múltiples identidades

  Después de un profundo estudio del tema, que le dio renombre mundial en los años sesenta, un zoólogo belga, el doctor Bernard Heuvelmans, piensa que detrás del nombre genérico "serpientes de mar" se disimulan diferentes tipos de animales gigantes, demasiado escasos y veloces para que baya sido posible alguna vez capturar alguno. Habría cinco tipos de animales cuyo movimiento ondulatorio vertical los clasifica entre los mamíferos. Dos serían pinnípedos (tipos llamados "cuello largo" y "caballo marino"), tres serían cetáceos (llamados "multijoroba ", Ilmultialeta "y "súper nutria ", acercándose a los arcocetáceos, fósiles que se conocen por su cuello delgado). Vendría después un reptil (llamado 'saurio oceánico'), que puede ser un cocodrilo gigante o un saurio de la antigüedad, ambos sobrevivientes de la prehistoria. En fin, encontraríamos unos tipos de anguilas gigantes, única especie de la que se haya capturado un individuo en estado de larva y que medía... 2 metros de largo.

Primer encuentro

  Revelado en la edición del 5 de marzo de 1898 del Couri¡er dHaipbong (Correo de Haiphong), el pleito del teniente de navio Lagrésille y de su tripulación con los monstruos marinos comienza en julio de 1897 durante una patrulla frente a la bahía de Along. Si se cree en la declaración del oficial, dos animales de más de veinte metros y de un diámetro de dos a tres metros aparecieron repentinamente en la superficie del agua Contrariamente a las serpientes, se desplazan con ondulaciones verticales. Inmediatamente, Lagrésille hace alistar uno de los cañones de repetición del buque y ordena un disparo a 600 metros. El tiro es ligeramente corto y los animales, asustados, vuelven a sumergirse "resoplando ruidosamente y dejando en la superficie un remolino simílar al de una rompiente. Los testigos tienen el tiempo de observar la pequeña dimensión de sus cabezas.

El retorno de los monstruos

  La segunda observación se revela mucho más tormentosa. El 15 de febrero de 1898, mientras la Avalanche atraviesa la bahía de Fa¡-tsi-loung, al norte de la bahía de Along, dos bestias parecidas a las del primer encuentro se perfilan en el mar. Esta vez Lagrésille no duda y enfila tras ellas. A 300 ó 400 metros del blanco, los cañones de repetición disparan y registran a lo menos dos tiros en el blanco en uno de los animales; sin embargo, aparentemente, ningu no lo deja herido. Uno de los animales desaparece en las profundidades y la Avalancha trata de dar un espolonazo a otro, pero éste es demasiado rápido. La cañonera lo persigue entre las islitas de Fai-tsi-loung. La cacería dura, en vano, una hora y media, durante la cual los marinos franceses pueden observar a su gusto el animal. Su tamaño se acerca a los treinta metros, su piel es gris y lisa, sus aletas son negras y cada una de sus emersiones es precedida de un chorro de agua vaporizada, producido por la violencia de su respiración. Su cabeza se parece a la de una foca, pero es dos veces más grande, y una cresta en forma de dientes de sierra sigue la línea de su lomo.

  Un almuerzo agitado

  El 26 de febrero de 1898, Lagrésille invita a bordo al comandante Joannet y nueve oficiales del acorazado Bayard. La víspera, en una recepción, se habían burlado de él y de su historia. Durante el almuerzo, mientras la cañonera navega nuevamente por la bahía de Fa¡‑tsi‑loung, un marinero corre a avisarles que dos "serpientes de mar" están a la vista. La Avala ncbe persigue una de ellas durante 35 minutos y Lagrésille y sus invitados pueden observarla claramente a unos 200 metros. Dos de los oficiales poseen una cámara fotográfica, pero la demora en armarlas permite al animal alejarse demasiado como para que logren una  fotografía nítida. De vuelta a bordo del Bayard, el comandante Joarmet pone al corriente al almirante de la Bédolliere, quien envía un telegrama al gobernador general Paul Dourner, futuro presidente de la república, para informarle de lo observado y de su intención de organizar una batida con cañoneras y lanchas de vapor para tratar de capturar uno de los animales. Pero unos incidentes fronterizos con China le impiden poner en marcha su proyecto: las serpientes de mar, una vez más, llevan su secreto a las profundidades del mar..

Monstruos a profusión

Desde la antigüedad, los marineros no dejaron de enfrentarse a la serpiente de mar. Pero, hasta el siglo XVI, la mayoría de los relatos son poco precisos. Algunos de los encuentros recientes son a veces extraordinarios.
¿En familia? En 1876, el vapor británico Néstor, divisa en el estrecho de Malaca un monstruo de una longitud impresionante de unos 65 metros, cuya cola cilíndrica mediría, 45 metros... Tales cifras hacen pensar que la tripulación en realidad vio a un adulto con sus pequeños nadando en fila uno detrás M otro.
Torpedeado. El 30 de julio de 1915, el submarino alemán U-28 hundió al vapor británico Iberia. El barco explota a una profundidad de entre 100 y 200 metros, y un especie de cocodrilo gigante de unos 20 metros de largo es eyectado al aire junto con restos y desechos de¡ barco, para luego caer al mar retorciéndose.
Abordado. El 30 de diciembre de 1947, el barco americano Santa Clara choca a la altura de Carolina del Norte con un animal en forma de anguila de unos quince metros de largo, que se hunde después de haberse retorcido unos instantes en un gran charco de sangre.
Encuentro bajo el mar. En octubre de 1969,el submarino de bolsillo Alvin se encuentra cara a cara, frente a las costas de las Bermudas, a 270 metros de profundidad, con un animal grande con cabeza de reptil, un largo cuello y aletas. La bestia desaparece antes de poder ser filmada.
Sobre el puente de un pesquero. El 10 de abril de 1977, el pesquero japonés Zuigo Maru iza a bordo un despojo monstruoso de más de diez metros, no lejos de Nueva Ze]anda. Exhala un olor tan fétido que el comandante ordena lanzarlo de vuelta al mar. Las fotografías muestran un animal de cuello largo y una gran cola que recuerdan a un plesiosauro. Es la noticia de primera plana en Japón, y la bestia inspira, incluso, un personaje de tira cómica.  

 Las serpientes marinas 

 A través de la historia son muchos los relatos de casos en que han sido vistos animales marinos desconocidos, y no siempre habrían sido animales inofensivos y hasta tímidos como Nessie, sino verdaderos monstruos, "serpientes" o dragones de mar, devoradores de hombres. Un caso de éstos ya lo relata Virgilio en el canto segundo de La Eneida, donde cuenta que el sacerdote Laocoonte fue atacado y muerto junto a dos de sus hijos frente a Troya, por una de tales serpientes salida del mar.  Existe también en el antiguo palacio sirio de Korsabad la representación de una serpiente marina que el rey Sargón II. habría visto durante un viaje a Chipre el siglo VIII antes de Cristo, y hay relatos de Aristóteles que dicen que tales criaturas vivían en las cercanías de las costas del norte de Africa y que salían del agua para capturar y devorar reses.  ¿Se trata de animales fabulosos, productos de mentes demasiado imaginativas, o de animales reales de la época de los grandes saurios, que aún subsistían en esos tiempos?  En "Grandes enigmas del universo", Richard Henning cita un libro "de alto valor científico", el "Periplus Maris Erythraei", escrito a fines del siglo I después de Cristo, que señala que las serpientes marinas eran señal de la cercanía de tierra, y también al sabio nórdico Olaus Magnus, quien, en su obra "Historia gentium septentrionalium", dice:  "Todos los que navegan por las costas de Noruega, se dedican a la pesca o practican el comercio, coinciden en la curiosa noticia de que por esos lugares aparece una monstruosa serpiente marina de sesenta y más metros de longitud y seis metros de ancho. Vive entre rocas y en cuevas de la costa cercana a la ciudad de Bergen, abandonando su escondrijo únicamente durante las noches claras de verano y devorando terneros, corderos y cerdos, o penetrando en el mar para alimentarse de pulpos y cangrejos de toda clase... Tiene inquietos y llenos de miedo a los navegantes, pues levanta la cabeza y se yergue lo mismo que un poste, llevándose entonces a los hombres para devorarlos".   Apariciones  Después, con el transcurso de los años y el avance de las ciencias, las historias sobre serpientes marinas fueron perdiendo crédito hasta quedar totalmente desprestigiadas. Y sin embargo, en ocasiones volvían a aparecer:  En 1746 el piloto mayor y gobernador noruego de Bergen, Lorenz von Ferry, declaró oficialmente ante el Consejo de Estado haber visto a la altura de Molde, una serpiente marina de treinta y cinco metros de largo que tenía una cabeza como la de un caballo y provista de una melena blanca. Su declaración fue corroborada por el juramento de dos marineros.  En 1809 un párroco de las islas Hébridas dijo haber sido perseguido por una serpiente marina de unos seis metros de longitud mientras daba un paseo en bote, y en la misma época, y otra vez a la atura de Molde, un médico, un sacerdote y un rector, junto con varios pescadores, vieron pasar a dos metros de distancia otra serpiente, de diez metros de largo.  Años después, en 1817, una serpiente de veinte metros fue vista en las cercanías del cabo Ann en Massachusetts, por una gran cantidad de personas, y tal vez el mismo animal fue visto otra vez en 1819 por centenares de personas cuando atravesaba tranquilamente la bahía junto a Nasant. 

 La serpiente del "Dédalo" 

 Quizá el caso más famoso de apariciones de serpientes marinas aparte de Nessie, sea el del animal que avistaron los marinos de la corbeta inglesa "Dédalo" mientras navegaba entre la isla Santa Elena y el Cabo Buena Esperanza, el 6 de agosto de 1848. El capitán MacQuhae y toda la tripulación vieron, en pleno día durante veinte minutos y a corta distancia, un animal con una cabeza como la de una foca, que nadaba pacíficamente. Sobresalía del agua unos 130 centímetros y su longitud total, según apreciaron los marinos, era de unos veinte metros.  Este no es el único caso en que marinos británicos se han encontrado con serpientes. En 1833 unos oficiales afirmaron haber visto una frente a Halifax, y meses después que el "Dédalo", el "Plumrose" vio otro animal a la altura de Oporto. Años después, el 30 de marzo de 1856, en un viaje desde la bahía de Algoa a Londres, fue el turno del "Imogen", y el 2 de julio de 1877, los marinos del vapor "Osborne", frente al cabo Vito, en Sicilia, vieron la única serpiente que ha sido vista en el Mediterráneo. 

 El relato de los alemanes 

 El 26 de julio de 1883 le tocó a la Marina alemana, frente a Libreville, en la costa occidental de Africa. El almirante Hollmann, siendo capitán de la corbeta "Elisabeth", escribe en el diario de a bordo:  "A las cinco horas. Ha sido divisado un grupo de ballenas grandes y pequeñas entre las cuales había un animal cuya forma y movimiento recuerdan a una serpiente. Tenía un color blanquecino y frecuentemente alzaba la parte delantera de tres hasta cinco metros sobre la superficie del agua, mientras la parte restante del cuerpo, formando varias ondulaciones,. agitaba el agua Este animal, según el informe del teniente de navío Wislicenus, quien le observó durante veinte minutos con largavistas, tenía entre quince y veinte metros, cabeza negra espatulada y una cola doble blanca y negra, de unos seis metros de largo. 

 Las serpientes de los franceses  

Y para no ser menos, la Marina francesa también ha tenido sus encuentros. El teniente de navío Lagtésille, comandante del "Avalon", vio una en la bahía de Along, en el Tonquín, en julio de 1897, animal que habría vuelto a ser visto en el mismo lugar el 24 de febrero de 1898 por un señor Racovitza, según una publicación de la "Société Zoologique de France".  Otra vez en la bahía de Along, el 25 de febrero de 1904, el teniente de navío L'Eost, comandante del "Décidée", vio al mismo animal o a uno de sus semejantes. Su declaración fue confirmada por toda la tripulación del barco. Según un científico, profesor Giard, se trataría de un saurio de la Epoca Terciaria, tal vez un mesosaurio o un ictiosauro.  Así, poco a poco, las serpientes marinas fueron siendo admitidas por la .ciencia. En 1906, la Sociedad Zoológica de Londres acogió el relato de los zoólogos Nicoll y Meade Waldo, quienes, a bordo del yate "Walhalla", vieron un animal de seis a ocho metros de largo con cabeza de tortuga y una poderosa aleta dorsal de dos metros debajo del cuello. Esta serpiente fue vista junto a la costa del Brasil, cerca de Para.  

El caso del "Tampania" 

 El 24 de mayo de 1907, los oficiales, la tripulación y los pasajeros del vapor "Tampania" vieron a unos treinta metros de distancia cerca de las costas de Irlanda, una serpiente marina con cabeza semejante a la del gato, que se levantaba unos dos metros sobre el agua, y a unos nueve metros de la cabeza se levantaba, también alrededor de dos metros sobre el agua, la cola.  Durante la Primera Guerra Mundial se registraron varios casos de animales desconocidos muertos por las explosiones submarinas, que podrían haber sido serpientes marinas. La experiencia más conocida al respecto la tuvo el barón Von Fostner, capitán del submarino alemán U 28, el 30 de julio de 1915, quien vio saltar un animal por el aire. Otro caso similar lo relata en un informe oficial el comandante del submarino U 108, teniente de navío Lbwisch. 

 Las serpientes muertas 

 A pesar de todos estos relatos y de varios más, la objeción que hacían algunas personas era que de existir estas serpientes tendría que haberse capturado alguna.  Si bien aún no se captura ninguna, sí se han encontrado animales muertos. En 1808, en las islas Orcadas, la corriente arrastró a la costa el cadáver de un animal desconocido de dieciséis metros y medio de largo, con cola puntiaguda, tres pares de aletas y una cresta espinuda desde la espaldilla a la cola.  En 1901, en Newport Beach, California, Horatio Forgy, junto con dos personas más, fue a verificar el relato de un indio que dijo haber capturado una serpiente marina. El animal que Forgy vio medía unos seis metros y pesaba unos doscientos cincuenta kilos, y resultó ser un ejemplar del pez Regalecus bancsii, que vive a grandes profundidades.  En 1906, el capitán Rathbone, comandante del buque Tropper, vio un animal muerto, que flotaba cerca de su barco. Este animal medía alrededor de quince metros, tenía orejas pequeñas y varias franjas longitudinales de color blanco.  Otro extraño animal muerto habría sido encontrado en la costa de Terranova, cerca de Swakopmund, en 1932, después que un terremoto arrojara a la costa miles de cadáveres de animales marinos. Se trataría de un animal con aspecto de serpiente, peludo, con hocico agudo y dientes afilados.  Las historias de serpientes fueron desapareciendo de los periódicos, nuevamente caídas en el descrédito. Una de las últimas publicaciones fue la de enero de 1948, según la cual él barco americano "Santa Clara" habría chocado por la proa, cerca de las costas de Carolina del Norte, con un animal de unos quince metros de longitud, cuya cabeza era aplanada y parecida a la de una serpiente, y cuyo cuerpo cilíndrico de color pardo tenía como un metro de diámetro.  Después de esta fecha aparentemente no ha habido más encuentros con "monstruos marinos".   ¿Mito o realidad? Para algunas personas las "serpientes marinas" jamás han existido y todos los casos de sus apariciones no son más que ilusiones, o confusiones creadas por grupos' de delfines nadando en hilera, o por grandes tiburones, o por ballenas. Para otras personas sí existen, y serían, tal vez, los antiguos animales que aún sobrevivían en los años de las apariciones y que hoy estarían ya extinguidos por completo. En todo caso, quienes han navegado en el mar saben que en cualquier momento, cualquier cosa extraña puede surgir de sus profundidades. 

eL  horribre pez de Belle Ile 

 En 1636 los pescadores de Belle Ile, en las costas de Bretaña, llevaron una noticia al duque de Retz, la autoridad del lugar: un hombre pez había llegado a los requerios cercanos a la costa. El duque pidió que la, siguiente vez que vieran al ser le avisaran, pues quería saber de qué sé trataba, de modo que un día los pescadores lo fueron a buscar y el duque partió con ellos hacia el lugar donde se encontraba el extraño ser.  En una carta el duque cuenta que se trataba aparentemente de un hombre, según se podía apreciar por la parte del cuerpo que tenía fuera del agua, que era desde el ombligo hacia arriba. Era bien proporcionado, aunque sus brazos eran un poco cortos y las manos extraordinariamente grandes y blancas. Tenía cabellos y barba largas y blanquecinos, ojos saltones y duros y piel grisácea y sin escamas. El ser era pacífico y manifestó entusiasmo ante la gente, especialmente ante los que vestían colores brillantes. Dejaba oír una especie de silbido que los pescadores interpretaron como risa.  El hombre pez volvió a ser visto en los días siguientes y el duque decidió capturarlo. Llegaron junto a él y le arrojaron encima las redes de pesca, pero el ser las rompió con toda facilidad y escapó nadando. Fue perseguido en bote, pero cuando uno de ellos lo alcanzó, él se afirmó en la borda y lo volcó, y ya no pudo ser alcanzado otra vez.  Más tarde otros pescadores informaron que en otro lugar de la costa, sobre una roca, había sido visto otro de estos seres, sin barba esta vez, y que no tenía piernas sino dos colas de pez parecidas a la cola de un salmón.  Nuevamente surge la pregunta de si esto es una mera fábula, o si realmente existieron seres de esta clase. Desde hace miles de años los hombres marinos han sido venerados por distintos pueblos; el historiador Berosio, por ejemplo, cuenta que en Sumeria se adoraba al dios del mar Oannes, quien durante la noche permanecía a cierta distancia de la costa pero que en el día salía a tierra. Y en Bretaña especialmente, existen estatuas ecuestres, que eran ídolos, y que muestran a un ser cabalgando, que en lugar de piernas tiene dos colas semejantes a la del congrio.  Es posible piensan algunos, que, dado que la vida apareció en el agua, haya habido una "humanidad acuática"; que alguna rama de los mamíferos del agua haya evolucionado hasta dar origen a seres equivalentes al hombre, y que ahora está ya completamente extinguida.  Los detractores de esta teoría sostienen que sólo son fábulas y producto de la ignorancia, y como ejemplo citan el caso de una nave inglesa que en el siglo XVI, navegando desde Groenlandia, se encontró en el mar con "hombres peludos" que rodearon el barco, y quienes salían a la superficie usando "unos largos apéndices". Los marineros dispararon y mataron a muchos de estos "hombres peludos", que resultaron ser esquimales, desconocidos hasta entonces.