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LA CRETA MINOICA

  Sir Arthur Evans fotografiado en 1936 en una exposición de antigüedades griegas, rodeado de objetos del palacio minoico de Cnosos, que él mismo había excavado. A la derecha, una reproducción del trono de Minos, rey legendario de Cnosos y guardián del Minotauro. La civilización minoica desapareció tan rápidamente que se la considera posible fuente de la leyenda de la Atlántida. Una ciudad moderna se alza en los acantilados de Santorini. Las rocas son restos de un antiguo volcán que entró en erupción en 1470 aC y esparció oleadas de materiales volcánicos que cubrieron la Creta minoica y llegaron a 112 kilómetros mar adentro. ¿Es éste el origen de la leyenda de la Atlántida desaparecida? La civilización minoica, anterior a la griega clásica, se caracterizó por una vida artística y cultural exuberante. Las brillantes pinturas murales descubiertas y restauradas por Evans, del palacio de Cnosos, uno de los escasos centros minoicos que se libraron de la destrucción súbita y misteriosa, constituyen un auténtico tesoro artístico. Una gigantesca vasija cerámica de almacenamiento procedente del palacio minoico de Cnosos. Se han encontrado muchas otras similares a ésta en otros yacimientos minoicos, en algunos casos resquebrajadas o rotas a causa del calor de una capa de materiales volcánicos, prueba de la erupción que, según se cree, destruyó la civilización minoica.  
  La leyenda de la Atlántida, el fastuoso imperio insular que quedó sumergido súbitamente en el mar en épocas remotas, ha fascinado a los estudiosos y a los buscadores de tesoros durante siglos. Platón, el gran filósofo (427-347 aC), proporcionó las líneas maestras de la historia en dos de sus obras, y la Atlántida desaparecida se ha ubicado en diversas partes del mundo en distintas épocas. Muchos la consideraban un mito, lo mismo que la Troya de Homero; pero con los descubrimientos de Schliemann en Hisarlik, que dieron consistencia a la historía de Troya, algunos arqueólogos aficionados se lanzaron a hacer descubrimientos similares y desde entonces ciertos hallazgos indujeron a creer que por fin se había encontrado la Atlántida.
Sir Arthur Evans siguió los pasos de Schliemann. No le movió la misma obsesión que Schliemann tenía por Troya, pero como estudioso que era, quería conocer los brígenes de la civilización de la edad del bronce que Schliemann había descubierto en el Egeo.
El interés de Evans se centraba especialmente en las formas primitivas de escritura, y por este motivo fue a Creta, donde unas previas excavaciones parciales habían revelado la existencia de abundantes restos antiguos. Evans ádquirió un lugar conocido como Kefala, una colina de escasa elevación situada en la costa septentrional de Creta, que desde muy antiguo se decía que era el lugar en que se encontraba un gran palacio en ruinas, Knossos, y comenzó la excavación en 1899.
La leyenda del Minotauro
Sus hallazgos no fueron menos espectaculares que los de Schliemann, pues Evans también descubrió una civilización desconocida hasta entonces. En los antiguos poemas heroicos griegos se recordaba Creta como la patria del rey Minos, soberano sabio y justo, que arrastraba la desgracia de tener un hijo mitad hombre, mitad toro, el famoso Minotauro. Minos recibía tributo anualmente de Grecia, y en el laberinto se ofrecían sacrificios en honor del Minotauro. El laberinto era un palacio tan complejo que ni el monstruo ni las víctimas eran capaces de encontrar la salida en aquella confusión de corredores.
Según la leyenda, el héroe griego Teseo logró matar al Minotauro y escapó siguiendo un cordel con el que había ido señalando el camino. Evans, tomando el nombre de la leyenda, denominó minoica a esta civilización cretense. Los ecos de la leyenda del Minotauro tenían numerosas manifestaciones: los minoicos rendían culto al toro; el palacio de Cnosos, que se conservaba extraordinariamente bien, era de una complejidad laberíntica. No halló deslumbrantes máscaras funerarias de oro como las que encontró Schliemann en Micenas, pero sí grandes cantidades de cerámica, delicadas figurillas de bronce, y en los muros del palacio podían apreciarse unos frescos que expresaban la animación de la vida cultural y artística de los antiguos cretenses. Y Cnosos no era única, sino solamente la ciudad principal de una civilización que en su día ocupó toda la isla.
La cuestión que sigue intrigando a los estudiosos interesados en Creta es: ¿por qué desapareció esta civilización y fue reemplazada tan rápidamente por las culturas que llegaron del norte de Grecia? La clave se encuentra en la isla de Thera (Santorini), a ciento doce kilómetros mar adentro al norte de Creta. Thera en la actualidad está formada por un rosario de pequeñas islas en torno a una profunda bahía, los restos de un antiguo volcán que entró en erupción en una ocasión con una fuerza devastadora. Todavía quedan dos pequeños conos en actividad en el centro de la bahía.
Los arqueólogos opinan que la civilización minoica desapareció alrededor del 1500 aC y que únicamente el complejo principal de Cnosos sobrevivió a la catástrofe y fue conquistado una generación después. Los sismólogos afirman que Thera hizo explosión alrededor del 1470 aC. La fuerza de la erupción fue indescriptible; la montaña arrojó miles de toneladas de rocas y piedra pómez antes de desmoronarse, hundida en el magma, dejando únicamente el rosario de islas y los abruptos acantilados que aún pueden contemplarse hoy en día.Los acantilados de Thera se elevan a doscientos metros sobre la bahía, de aguas tan profundas que los barcos no pueden anclar en ella. Están cubiertos con estratos de piedra volcánica que alcanzan hasta sesenta metros de espesor en algunas zonas. No existen relatos coetáneos de la explosión, pero sí de sucesos similares en época moderna. La más destacable es la erupción de Kracatoa, en Java, que tuvo lugar en 1883.
Las consecuencias producidas por Kracatoa fueron terribles: trescientas ciudades y pueblos de las islas de Sumatra y Java, situadas a unos ochenta kilómetros de distancia, fueron anegadas por las olas, y más de treinta y seis mil trescientas ochenta personas perdieron sus hogares. Las olas se elevaron a treinta y cinco metros y el sol quedó oscurecido por una nube volcánica de cientos de kilómetros. Y existen indicios que permiten suponer que Thera sufrió una explosión al menos igual, si no superior a la del Kracatoa.
¿Pudo ser la erupción de Thera responsable de la desaparición de los minoicos? Es muy probable, ya que la mayoría de los palacios minoicos se encontraban en las peligrosas costas del norte de Creta. En 1966, al sur del pueblo de Akrotiri, situado en Thera, unos arqueólogos descubrieron una importante colonia minoica bajo una capa de piedra pómez. Algunos palacios cretens,es conservaban restos volcánicos. Únicamente se salvó el de Cnosos por estar situado en tierras altas, lejos del mar, y no cabe duda de que en la imagen de una gran cultura insular, que desapareció súbitamente en una sola noche, podemos encontrar los ingredientes básicos de una leyenda griega posterior, la de la Atlántida.
Sir Arthur Evans fotografiado en 1936 en una exposición de antigüedades griegas, rodeado de objetos del palacio minoico de Cnosos, que él mismo había excavado. A la derecha, una reproducción del trono de Minos, rey legendario de Cnosos y guardián del Minotauro. La civilización minoica desapareció tan rápidamente que se la considera posible fuente de la leyenda de la Atlántida.
Una ciudad moderna se alza en los acantilados de Santorini. Las rocas son restos de un antiguo volcán que entró en erupción en 1470 aC y esparció oleadas de materiales volcánicos que cubrieron la Creta minoica y llegaron a 112 kilómetros mar adentro. ¿Es éste el origen de la leyenda de la Atlántida desaparecida?
Una gigantesca vasija cerámica de almacenamiento procedente del palacio minoico de Cnosos. Se han encontrado muchas otras similares a ésta en otros yacimientos minoicos, en algunos casos resquebrajadas o rotas a causa del calor de una capa de materiales volcánicos, prueba de la erupción que, según se cree, destruyó la civilización minoica.
La civilización minoica, anterior a la griega clásica, se caracterizó por una vida artística y cultural exuberante. Las brillantes pinturas murales descubiertas y restauradas por Evans, del palacio de Cnosos, uno de los escasos centros minoicos que se libraron de la destrucción súbita y misteriosa, constituyen un auténtico tesoro artístico.