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¡existio homero ?

 El primero de los clAsicos

  ¿COmo fechar la obra?

  ¿Un poeta o dos?

homero y la arqueologIa

El nacimiento de la Historia  

HOMERO

HELENA EN LA MURALLA

Homero

LA APOTEOSIS DE HOMERO, MUSEO DEL LOUVRE

La iliada y La Odísea dos poemas que forman el más antiguo y el más conocido de los textos clásicos. ¿Sin embargo, quién es el autor? la tradición nos describe a un viejo narrador ciego cantando sus versos en las plazas públicas; los historiadores piensan en una obra colectiva, forjada a través de los años.
,cumplíase la voluntad de Zeus­desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.» Con estas líneas comienza La ffiada, el primero de los dos poemas atribuidos a Homero. Relata en veinticuatro cantos versificados,
la guerra de Troya, provocada por el rapto de Helena, esposa del rey Menclao. Los griegos sitian Troya. Aquiles combate para vengar a su amigo Patroclo, muerto por el troyano Héctor. El segundo poema homérico, La Odisea, tiene por héroe a Ulises, rey de Itaca, personaje secundario en La llíada. De regreso de Troya, Ulises se extravía en medio de tempestades y, durante diez años, recorre el Mediterráneo, enfrentando monstruos y hechiceros.

  El primero de los clásicos

  Durante el siglo VII antes de Cristo, aedos, poetas y bardos recorren Grecia cantando las dos nuevas epopeyas. Por todas partes, sus relatos obtienen un éxito resonante y son pronto conocidos por todos. En el siglo VI, Atenas es la primera en organizar una lectura pública integral. Además de sus cualidades literarias, expresan la unidad cultural griega: constituyen de alguna manera el símbolo de una civilización. En el siglo IV, el conquistador Alejandro Magno tiene siempre consigo un ejemplar de La Iliada y La Odisea, donde quiera que sus campanas lo lleven. Por supuesto, los dos poemas fueron ampliamente copiados y difundidos, Así, se conservan actualmente varios centenares de versiones de La Iliada, cada una ligeramente diferente, hasta que el texto fuera depurado en la época alejandrina.

  ¿Cómo fechar la obra?

  La sucesión de intervenciones de los diferentes copistas no facilita ciertamente en nada este trabajo. La tradición hizo por largo tiempo de Homero un hombre del siglo X o IX. Sin embargo, las primeras lecturas reconocidas de sus dos poemas tuvieron lugar recién durante el siglo VII. El alemán Schadewaldt sitúa la gestación de las dos obras durante la segunda mitad del siglo VIII, precisamente en los alrededores del 720 a.C. Algunos datos arqueológicos parecen confirmar esta fecha, Efectivamente, Homero, que narra hechos que se desarrollaron supuestamente en la época micénica, comete numerosos anacronismos. Así, ¡os jarrones fenicios que describe son del siglo VIII, Sucede lo mismo con todos los demás objetos de la vida coti diana. Sin embargo, los anacronismos no significan que la obra sea una mera ficción, ni que un solo hombre Hornero la haya creado de golpe. Una tradición oral pudo haberse mantenido, los relatos que narraban los hechos de la guerra de Troya pasaban de boca en boca, luego esta tradición fue puesta por escrito, en el siglo VIII, gracias a la reciente invención de la escritura en Grecia.

  ¿Un poeta o dos?

  Hasta el siglo XVII, nadie dudaba de la existencia histórica de Homero. La tradición lo ve nacer en Colofón. A menos que haya sido en Quío, Esmirna, Eos o Cymera... Varias ciudades se disputan el honor de haber sido su patria. La misma tradición quiere que haya sido ciego y haya vivido durante el siglo X o IX a.C. Sin embargo, en 1670, en sus Conjeturas académicas, el abad de Aubignac denuncia las incoherencias de los poemas homéricos. Por primera vez pone en duda la existencia de un autor único, pero sus afinnaciones no recogen ningún eco, No obstante, un siglo más tarde, en 1795, el enidito alemán Friedrich August Wolf publica una obra, Proléqomena ad Homerum, donde plantea las mismas interrogantes. Nos encontramos entonces en el siglo de las Luces, el espíritu crítico hacia los clásicos se ha desarrollado y pronto se abre el debate: ¿no se esconderán varios autores anónimos detrás de un seudónimo colectivo? La composición de los dos poemas es analizada, La Riada es una obra acabada, irreprochable en su composición. La Odisea parece, en comparación, más desordenada y falta de unidad. Grandes diferencias de fondo y de espíritu separan los dos textos La Riada es un relato épico, su autor posee una visión grandiosa, cósmica, los dioses son omnipresentes. Utiliza esquemas fijos en la estructura de ciertas escenas, como los combates y los encuentros. Se acerca a la tradición oral de los aedos: antiguas epopeyas y poesías genealógicas. En cambio, el autor de La Odisea aprecia los temas fantásticos: monstruos, hechiceras, magos y sirenas; los dioses, por el contrario, están casi ausentes. Incluso Atenea, que protege a Ulises durante La Iliada. no se aventura con él en el Mediterráneo occidental; ésta no reaparece sino durante el regreso a Itaca, La Odisea da gran importancia a las escenas de la vida cotidiana, en búsqueda de la paz y la dulzura de vivir. No se encuentra el espíritu guerrero que marca a La Iliada. Actualmente, se admite que el autor de La Ilíada no es, sin duda, el de La Odisea. El análisis del lenguaje, así como de la visión poética, revela dos caracteres diferentes. El autor de La Ilfada vivió seguramente durante el siglo VIII; mientras que el de La Odisea lo hizo más bien en el siglo VII: las características de su poema revelan a un griego abierto a la navegación y al descubrimiento del Mediterráneo. Tiene una nueva visión del rol de los dioses que ya no son ,superhombres omnipresentes. Los defectos de estructura y la falta de unidad de La Odisea permiten pensar que el texto es obra de diferentes narradores ' la adaptación de varios relatos de tradición oral reunidos por un hábil redactor.

Nomero y la arqueología

 

La Grecia micénica, un descubrimiento tardío. Hasta el siglo XIX, los historiadores hacen comenzar la historia de Grecia en el 800 antes de Cristo. Pero, a finales de¡ siglo, los descubrimientos de un arqueólogo alemán ponen en duda estas fechas. Apasionado desde su infancia por La Mada y La Odisea,'el autodidacta Heinrich Schliemann se lanza, a partir de 1866, en una aventura a la que consagrara su vida: probar la existencia de la civilización descrita por Homero. Schliemann, descubridor de Troya. En 1870, sobre la colina de Hissarlik, en Asia Menor, encuentra, para sorpresa de sus contemporáneos, la ciudad de Troya, hasta entonces considerada como imaginaria. Sus excavaciones sacan a la luz las diferentes épocas de la ciudad y permiten reconstituir la anécdota que inspiró al aedo: la gran guerra de diez años fue en realidad una incursión de piratas y el caballo un exvoto de los asaltantes. Alentado por su descubrimiento, Schliemann prosigue sus excavaciones en Micenas, en búsqueda de la realidad histórica en la que Homero basó su ficción. Las excavaciones, aunque torpes y carentes de rigor, revelaron un período hasta entonces ignorado: la Grecia de¡ segundo milenio a.C. Las excavaciones de¡ siglo XX. Numerosos arqueólogos se lanzaron en la brecha abierta por Schliemann. En 1939, el norteamericano Blegen encuentra, no lejos de la costa occidental de¡ Peloponeso, un yacimiento que corresponde al palacio de Néstor, evocado en el tercer canto de La Odisea. En Chipre, el arqueólogo Karageorghis exhuma sepulturas que, una vez analizadas, muestran que el rito funerario empleado es exactamente el descrito en el canto XXIII de La llíada para la inhumación de Patrocio. Sin embargo, este rito que Homero presta a los micénicos es, en realidad, contemporáneo del aedo.

El nacimiento de la Historia

  Aunque La llíada y La Odisea son estudiadas por los jóvenes griegos desde el siglo V a. C., la visión de la Historia que entregan es pronto discutida. Muy tempranamente, ambos relatos son considerados como una interpretación poética de hechos elevados a la categoría de la mitología. El primer autor que puede ser calificado como historiador es Hecateo de Mileto, en el siglo Vi a.C. Sin embargo el que lleva el nombre de «Padre de la Historia» es Heródoto, nacido en Asia Menor en el 435 a.C. Dando la espalda a los mitos, Heródoto viaja, indaga, recoge testimonios y redacta nueve volúmenes que se refieren a Grecia, al Impeño persa, a Egiptoy a las guerras médicas. No obstante, Heródoto carece aún de método, los relatos que recolecta son a menudo falsos o imprecisos. Veinticinco años más joven que él, Tucídides es el sucesor de Heródoto. Retornando el género inaugurado por este último, aporta el sentido crítico, el análisis y una visión más «científica» de la Historia. En menos de una generación, los fundamentos quedan planteados, la Historia se transforma en una disciplina por sí misma.

 

 

Homero

                1.                INTRODUCCIÓN   Homero, nombre tradicionalmente asignado al famoso autor de la Iliada y la Odisea, las dos grandes epopeyas de la antigüedad griega. Nada se sabe de su persona, y de hecho algunos ponen en duda que sean de él estas dos obras. Sin embargo, los datos lingüísticos e históricos de que se dispone, permiten suponer que los poemas fueron escritos en los asentamientos griegos de la costa oeste de Asia Menor, hacia el siglo IX a.C.

 
2.                LA ILIADA  
Las dos epopeyas narran hechos legendarios que supuestamente ocurrieron muchos siglos antes de la época en que fueron escritas. La Iliada se sitúa en el último año de la guerra de Troya, que constituye el telón de fondo de su trama. Narra la historia de la cólera del héroe griego Aquiles. Insultado por su comandante en jefe, Agamenón, el joven guerrero Aquiles se retira de la batalla, abandonando a su suerte a sus compatriotas griegos, que sufren terribles derrotas a manos de los troyanos. Aquiles rechaza todos los intentos de reconciliación por parte de los griegos, aunque finalmente cede en cierto modo al permitir a su compañero Patroclo ponerse a la cabeza de sus tropas. Patroclo muere en el combate, y Aquiles, presa de furia y rencor, dirige su odio hacia los troyanos, a cuyo líder, Héctor (hijo del rey Príamo), derrota en combate singular. El poema concluye cuando Aquiles entrega el cadáver de Héctor a Príamo, para que éste lo entierre, reconociendo así cierta afinidad con el rey troyano, puesto que ambos deben enfrentarse a la tragedia de la muerte y el luto.

 
   3.                LA ODISEA  
La Odisea narra el regreso del héroe griego Odiseo (Ulises en la tradición latina) de la guerra de Troya. En las escenas iniciales se relata el desorden en que ha quedado sumida la casa de Odiseo tras su larga ausencia. Un grupo de pretendientes de su esposa Penélope está acabando con sus propiedades. A continuación, la historia se centra en el propio héroe. El relato abarca sus diez años de viajes, en el curso de los cuales se enfrenta a diversos peligros, como el cíclope devorador de hombres, Polifemo, y a amenazas tan sutiles como la que representa la diosa Calipso, que le promete la inmortalidad si renuncia a volver a casa. La segunda mitad del poema comienza con la llegada de Odiseo a su isla natal, Ítaca. Aquí, haciendo gala de una sangre fría y una paciencia infinitas, pone a prueba la lealtad de sus sirvientes, trama y lleva a efecto una sangrienta venganza contra los pretendientes de Penélope, y se reúne de nuevo con su hijo, su esposa y su anciano padre.

                4.                ÉPICA  
Ambas epopeyas están escritas en un verso formal y elevado, en un lenguaje jamás empleado en la lengua normal; su métrica es el hexámetro dactílico (véase Versificación). Es imposible establecer una distinción entre estas dos obras en el aspecto estilístico. Sin embargo, resulta fácil comprender por qué, desde la antigüedad, muchos lectores las han atribuido a dos autores diferentes. La Iliada habla de las pasiones y plantea dilemas imposibles de resolver. No hay en ella auténticos villanos; Aquiles, Agamenón, Príamo y los demás personajes son víctimas de un universo trágico y cruel. En la Odisea, por el contrario, el mal es derrotado, triunfa la justicia y la familia, tristemente separada, se reúne de nuevo. La astucia, particularmente la de Odiseo, actúa como fuerza motriz a través de todo el relato.

                5.                LOS HIMNOS HOMÉRICOS  
Junto a la Iliada y la Odisea figuran los llamados himnos homéricos, una serie de poemas relativamente breves, que celebran las hazañas de diversos dioses, compuestos en un estilo épico similar, y también atribuidos a Homero.

                6.                LA CUESTIÓN HOMÉRICA  
El texto moderno de los poemas homéricos se transmitió a través de los manuscritos medievales y renacentistas, que a su vez son copias de antiguos manuscritos, hoy perdidos. Pese a las numerosas dudas que existen sobre la identidad de Homero (algunos lo describen como un bardo ciego de Quíos) o sobre la autoría de determinadas partes del texto, como las escenas finales de la Odisea, la mayoría de sus lectores, desde la antigüedad clásica hasta no hace mucho tiempo, creyeron que Homero fue un poeta (o como mucho, dos poetas) muy parecido a los demás. Es decir, la Iliada y la Odisea, aunque basadas en materiales tradicionales, son obras independientes, originales y en gran medida ficticias.
Sin embargo, durante los últimos doscientos años, esta visión ha cambiado radicalmente, tras la aparición de la interminable cuestión homérica: ¿Quién, cómo y cuándo se compuso la Iliada y la Odisea? Aún no se ha encontrado una respuesta que satisfaga a todas las partes. En los siglos XIX y XX los estudiosos han afirmado que ciertas inconsistencias internas venían a demostrar que los poemas no eran sino recopilaciones, o añadidos, de poemas líricos breves e independientes (lais); los unitaristas, por su parte, consideraban que estas inconsistencias eran insignificantes o imaginarias y que la unidad global de los poemas demostraba que ambos eran producto de una sola mente. Recientemente, la discusión académica se ha centrado en la teoría de la composición oral-formularia, según la cual la base de los poemas tal y como hoy los conocemos es un complejo sistema de dicción poética tradicional (por ejemplo, combinaciones de sustantivo-epíteto: Aquiles, el de los pies ligeros) que sólo puede ser producto del esfuerzo común de varias generaciones de bardos heroicos .Ninguna de estas interpretaciones es determinante, pero sería justo afirmar que prácticamente todos los comentaristas coinciden en que, por un lado, la tradición tiene un gran peso en la composición de los poemas y, por otro, que en lo fundamental ambos parecen obra de un mismo creador. Entretanto, los hallazgos arqueológicos realizados en el curso de los últimos 125 años, en particular los de Heinrich Schliemann, han demostrado que gran parte de la civilización descrita por Homero no era ficticia. Los poemas son pues, en cierto modo, documentos históricos, y la discusión de este aspecto ha estado presente en todo momento en el debate sobre su creación.

                7.                INFLUENCIA  
Homero es, de manera directa, el padre de toda la literatura griega posterior: el teatro, la historiografía e incluso la filosofía llevan la huella de los temas, cómicos y trágicos, planteados en estas epopeyas, así como de las técnicas homéricas. Para los últimos poetas épicos de la literatura occidental Homero ha sido siempre el maestro indiscutible (aun cuando, como en el caso de Dante, no conocieran sus obras directamente). Pero curiosamente, para sus más notables seguidores, la obra de Homero fue tanto modelo como objetivo. Así por ejemplo, la Eneida de Virgilio viene a refutar el sistema individualista de valores de la épica homérica; y en las escenas más homéricas de El paraíso perdido, del poeta inglés John Milton, las estrofas que describen la batalla en el cielo, son esencialmente cómicas. A propósito, conviene recordar que también se atribuye a Homero la redacción de la Batracomiomaquia, obra que narra, parodiando los recursos de la épica y aproximándose al mundo de la fábula, la lucha entre las ranas y los ratones. En lo que respecta a la novela, Don Quijote de La Mancha (1605), de Miguel de Cervantes, o Ulises (1922) del irlandés James Joyce, cuanto más homéricas son más tienden a la parodia y la burla de la épica. También el escritor argentino Leopoldo Marechal introduce, en su novela Adán Buenosayres (1948), técnicas heredadas de la épica homérica: es el caso del “Viaje a la oscura ciudad de Cacodelphia”, que imita el estilo de las katábasis o descensos infernales. El intento más reciente de aproximación a Homero es el del escritor Derek Walcott, nacido en la isla de Santa Lucía. Su obra Omeros, de 1990, es una extensa novela en verso en la que combina los recursos de la épica con fórmulas lingüísticas y situaciones cotidianas del ambiente antillano.

 

CABALLO DE TROYA

El caballo de Troya

Este cuadro, obra de Henri Motte, representa a los guerreros griegos descendiendo de las ijadas del caballo de madera en la ciudad de Troya.

Corb

HOMERO

Homero

Los ejércitos griego y troyano preparan la guerra de Troya (siglo XII a.C.), la más célebre de la mitología occidental. Al mismo tiempo, los dioses se reúnen para discutir sobre el destino de los seres humanos y decidir si les permiten arreglar sus disputas de un modo pacífico o bien activan las fuerzas que acabarán con la destrucción de los dos bandos y, con ello, de toda la civilización. Atribuido al escritor clásico griego Homero, la Iliada data del siglo IX a.C.

Culver Pictures

 

Helena en la muralla

 La Iliada de Homero cuenta los últimos días de la guerra de Troya. El pasaje que a continuación se incluye muestra la ansiedad de Helena al saber que la guerra está por concluirse. Entonces acude presurosa a la muralla para ver a su esposo Menealo, que todavía tendrá que batirse en un duelo singular. Los ancianos de la ciudad, al verla tan bella, justifican que por su causa se haya producido esta guerra.

 

 

Fragmento de la Iliada.

De Homero.

Canto III.

 

 

Iris, por otro lado, a Helena

de blancos brazos, llegó mensajera,

a una de sus cuñadas parecida,

la que Helicaon, el hijo de Anténor,

tenía por esposa, Laodica,

por su semblante la más distinguida

de las hijas que Príamo tenía.

Hallóla en su palacio, donde ella

un gran lienzo de púrpura tejía,

un doble manto en el que bordaba

numerosos trabajos de troyanos,

domadores de potros, y de aqueos

de broncíneas corazas pertrechados,

los que por causa de ella iban sufriendo

bajo las palmas de las manos de Ares.

Y plantándose cerca,

díjole Iris, la de pies ligeros:

«Ven aquí, mi querida jovencita,

para que hazañas veas portentosas,

de troyanos, de potros domadores,

y de aqueos de broncíneas cotas,

que antes iban unos contra los otros

por la llanura conduciendo a Ares,

de lágrimas cuantiosas responsable,

la malhadada guerra anhelando;

ahora ya en silencio se están quietos,

pues la guerra ha cesado,

en sus propios escudos reclinados,

y en la tierra hincadas junto a ellos

están sus largas picas.

Mas luego, sin embargo, Alejandro

y Menelao, caro a Ares,

empuñando largas picas, por ti habrán de batirse,

y de aquel que consiga la victoria

vas a ser tú llamada cara esposa.»

Así dijo la diosa

y en su pecho infundió dulce deseo

de su primer esposo,

su ciudad y sus padres;

y tocada de finos velos blancos,

al punto se salía de la estancia

deprisa, tierna lágrima virtiendo

no sola, que con ella también iban

dos servidoras, Etra

la hija de Piteo,

y Clímena, la de ojos de novilla.

Y prontamente luego

se iban acercando

a donde estaban las puertas Esceas.

Y a ambos lados de Príamo, Pántoo,

Timetes, Lampo, Clitio e Icetaon

el compañeroo de Ares,

Ucalegon y Anténor,

muy discretos entrambos,

sentados se encontraban

los ancianos del pueblo todos ellos,

de las puertas Esceas por encima,

por vejez de la guerra retirados,

mas bravos oradores semejantes

a las cigarras que en medio del bosque,

en un árbol posadas,

emiten una voz que es como un lirio;

tales los jefes eran, justamente,

de los troyanos, que estaban sentados

en la torre adosada a la muralla.

Y éstos, pues, cuando vieron

a Helena encaminándose a la torre,

hablábanse los unos a los otros,

con aladas palabras, quedamente:

«Cosa no es que indignación suscite

que vengan padeciendo tanto tiempo

dolores los troyanos

y los aqueos de grebas hermosas

por mujer cual es ésa

pues que tremendamente se parece,

al mirarla de frente,

a diosas inmortales;

pero aun así y siendo tal cual digo,

en las naves se vuelva y no se quede

para mal nuestro y de nuestros hijos

en el tiempo futuro.»

Así decían ellos, justamente;

mas Príamo en voz alta llamó a Helena:

«Ven aquí, amada hija

y de mí por delante toma asiento,

para que a tu primer marido veas

y a sus parientes y a sus amigos;

(no eres tú para mí en nada culpable,

pues para mí culpables son los dioses,

que esta guerra de aqueos lacrimosa

contra mí han impulsado);

dime, asimismo, el nombre

de este varón enorme, de este aqueo,

quién es este guerrero noble y alto.

En verdad otros hay aún más altos

que le aventajan en una cabeza,

pero varón tan bello yo hasta ahora

jamás he contemplado con mis ojos,

ni tan majestuoso,

pues a un rey se parece.»

Y a él Helena, divina entre mujeres,

con palabras, así le respondía:

«Me inspiras reverencia, suegro amado,

y, al mismo tiempo, espanto.

¡Ojalá la cruel muerte

me hubiera sido grata

cuando hasta aquí seguía yo a tu hijo,

habiendo abandonado

mi habitación nupcial y a mis parientes

y a mi hija querida tiernamente

y al amable grupo

de las amigas de mi misma edad!

Pero eso exactamente

no fue lo que ocurrió,

por lo cual yo ahora

me consumo llorando.

Pero eso he de decirte

por lo que me preguntas y que inquieres:

Ese es el Atrida

Agamenón de dilatado imperio,

rey noble al mismo tiempo

que esforzado lancero;

en otro tiempo él era mi cuñado

(de mí, ¡cara de perra!),

si es que otro tiempo hubo en que lo era.»

 

 

 

Fuente: Homero. Iliada. Edición y traducción de Antonio López Eire. Madrid. Ediciones Cátedra, 1989.

ORIGEN DE DATOS:ENCICLOPEDIA ENCARTA 2001