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DEIDADES DE LAS AGUAS

 

 

 

 

DEIDADES DE LAS AGUAS. OCEANO


Los antiguos pensadores, cuando estudiaban el universo, se hallaban condicionados a interpretarlo conforme a los escasos conocimientos de aquellos tiempos. Muchas de las teorías cosmológicas tenían más de míticas que de científicas. Aunque fue Aristóteles -uno de los más prestigiosos filósofos de todos los tiempos- quien afirmó que la mitología era ya una manera de hacer filosofía. No obstante, permítaseme emitir un juicio personal al respecto, el cual no es otro más que la evidente sospecha de que, desde nuestra actual perspectiva, podemos considerar a la mayoría de los asertos aristotélicos bastante más cercanos a la lucubración mitológica que a la reflexión proveniente de un talante netamente racional y, por ende, filosófico; dicho sea con todos los respetos y sin ánimo de herir susceptibilidades de los, aún numerosos, cancerberos de la ortodoxia.
Y, así, se creía que el Océano era una especie de inmenso río - "poderosa corriente del río Océano", nos dirá Homero en su obra "La Iliada"- que rodeaba a ese disco aplastado que era la tierra, pues de semejante modo se concebía la forma externa de nuestro planeta por aquel entonces.
En la genealogía mítica de Océano encontramos que los narradores de mitos lo hacen descendiente de Urano, personificación del cielo, y de Gea, símbolo de la Tierra. De su unión con Tetis - que vivía con las demás "Nereidas" en el fondo del mar y se la representaba iconográficamente conduciendo una enorme concha, semejante a una fastuosa carroza, tirada por delfines - nacerían las tres mil "Oceánides", o ninfas marinas que, por lo general, la tradición mítica identifica con las "Nereidas".


CALIPSO

Una de las más célebres fue Calipso, que acogió a Odiseo/Ulises cuando éste arribó, medio perdido y sin rumbo, empujado por una aparatosa tempestad, a la isla en donde aquélla moraba. Calipso se enamoró de Odiseo/Ulises y le ofreció presentes tales como la inmortalidad para que no se marchase de su lado. Pero el mítico héroe rechazó los distintos ofrecimientos de su anfitriona, por lo que Calipso lo retuvo en su isla hasta que por intercesión de Atenea ante Zeus, éste envió a Hermes a los dominios de la "ninfa de hermosas trenzas", con el mandato de que dejara en libertad a Odiseo. Lo halló "sentado en la playa, sin que sus ojos secasen el continuo llanto, y consumía su vida suspirando por el regreso, pues la ninfa ya no le era grata. Obligado a pernoctar en la profunda cueva, durmiendo con la ninfa que le quería sin que él la quisiese, pasaba el día sentado en las rocas de la ribera del mar y consumiendo su ánimo en lágrimas, suspiros y dolores, clavaba los ojos en el mar estéril y derramaba copioso llanto".


LA PARTIDA

Calipso, obligada por el mensajero de Zeus y movida a compasión por el dolor de Odiseo/Ulises, permitió que éste partiera hacia Itaca y le ayudó en los preparativos: "Diole una gran hacha que pudiera manejar, de bronce, aguda de entrambas partes, con un hermoso mango de olivo bien ajustadolimentada, y le llevó a un extremo de la isla donde habían crecido altos árboles -chopos, álamos y el abeto que sube hasta el cielo-, todos los cuales estaban secos desde antiguo y eran muy duros y a propósito para mantenerse a flote sobre las aguas. Y tan presto como le hubo enseñado dónde habían crecido aquellos grandes árboles, Calipso, la divina entre las diosas, volvió a su morada, y él se puso a cortar troncos y no tardó en dar fin a su trabajo. Derribó veinte, que desbastó con la segur y pulió hábilmente. Calipso, la divina entre las diosas, trájole unos barrenos con los cuales taladró el héroe todas las piezas, que unió luego, sujetándolas con clavos y clavijas. Labró la cubierta, la protegió con mimbres entretejidos, la lastró con mucha madera y construyó un timón. Mientras tanto Calipso, la divina entre las diosas, le trajo lienzo para las velas, y Odiseo/Ulises las construyó con maestría.
Al cuarto día ya todo estaba terminado, y al quinto despidióle de la isla la divina Calipso, después de lavarle y vestirle perfumadas ropas. Entrególe la diosa un pellejo de rojo vino, otro grande de agua, un saco de provisiones y muchos manjares gratos al ánimo, dándole favorable y plácido viento".


BOSQUE FRONDOSO Y PERFUMADO

Todo lo acaecido entre Odiseo/Ulises y la ninfa Calipso se halla exhaustiva y líricamente descrito en la rapsodia quinta de la Odisea, que Homero intitula "La Balsa de Odiseo/Ulises". Allí se explica cómo la isla estaba repleta de un frondoso bosque tan lleno de perfume que hasta el propio mensajero de Zeus, es decir, Hermes, quedó prendado de aquel lugar. La ninfa se hallaba, con frecuencia, en el interior de una enorme gruta y tenía una lanzadera de oro con la que tejía sus hermosos vestidos. También, "junto a la honda cueva, extendíase una viña floreciente, cargada de uvas, y cuatro fuentes manaban, muy cerca una de la otra, dejando correr en varias direcciones sus aguas cristalinas".


NEREO

Todas las "Nereidas", tanto las más famosas y representativas como las menos la ninfa Calipso conocidas, son hijas del "anciano del mar", es decir, de Nereo, de quien el gran narrador de mitos que fue Hesíodo nos dice lo siguiente:
"Nereo es tan bondadoso que nunca engaña a nadie. Tampoco olvida jamás las normas de la equidad y la justicia; y no tiene más pensamientos que aquellos relacionados con la justicia y la rectitud".
Cuentan las leyendas que Nereo vivía en el fondo del mar, en un palacio lleno de luz y rodeado de sus hijas las Nereidas y de otros personajes y genios marinos. Por ejemplo, con él vivía Proteus, a quien también se le reconocía el título de "anciano de los mares". Luego estaba Forcus que personificaba, de forma especial, la espuma de las olas. También tenía a su vera a otro genio marino de nombre Taumas, que simbolizaba el reflejo de los rayos del sol en las aguas y llenaba al mar de ese colorido y belleza que le es propio. Otras versiones relacionan a Taumas con el arco iris que sale después de las tormentas y con las tres "Arpías" míticas: Ocipete, la de veloz vuelo; Celeno, la que personifica la más terrible oscuridad; Aelo, asociada al viento huracanado y raudo.


REVELAR ANCESTRALES SECRETOS

El bienhechor Nereo tenía el don de la profecía y, además, lo evocaban los marineros cuando se hallaban en dificultades ante la fuerza y la bravura del mar revuelto, pues se suponía que estaba dotado de ancestral sabiduría. Hasta un héroe tan famoso como Hércules/Heracles fue a visitar a Nereo para que le revelara el itinerario correcto hacia el Jardín de las Hespérides. En un principio Nereo se negó a la petición del héroe; pero éste hizo uso de su fuerza bruta y el anciano se doblegó a su oponente, no sin antes haberse transformado en determinados animales y objetos -pues Nereo tenía el don de metamorfosearse y cambiar de forma- y, de este modo, Hércules/Heracles pudo hallar el Jardín de las Hespérides y robar las míticas manzanas de oro. El anciano sabio había informado con precisión, al héroe, sobre el lugar exacto en el que hallaría la preciada fruta, así como de los peligros que le acecharían al atravesar las distintas regiones para llegar al deseado lugar.
La iconografía más común nos muestra a Nereo portando un tridente y montando un Tritón -mítico animal marino que tenía medio cuerpo de hombre y medio de pez-; su rostro aparece siempre cubierto de espesa barba y, en ocasiones, se le presenta con su cuerpo también en forma de pez. Existen algunas versiones acerca de Tritón que lo consideran como una deidad marina controvertida. Los narradores de mitos dicen que cambió de carácter, puesto que hubo un tiempo en el que benefició a los mortales y a los héroes; por ejemplo, protegió a los Argonautas ante una tempestad terrible. Y hubo otra época en que Tritón, pertrechado de una gigantesca caracola -que siempre llevaba consigo- se dedicaba a soplar en ella con tal intensidad que el mar se embravecía y sus olas producían un ruido tremendo. Por lo que se convertía en enemigo de los mortales.


ESCILA Y CARIBDIS

Las aguas de los mares estaban pobladas también por sirenas que, con su canto, intentaban atraer a los navíos hacia los escollos y rocas que rodeaban la isla en la que moraban para, de este modo, hacer que se estrellaran y desaparecieran todos los marineros que iban a bordo. Pero las criaturas marinas más peligrosas y monstruosas acaso sean Escila y Caribdis que, según cuentan las tradiciones míticas, se hallaban estratégicamente apostadas en el estrecho de Mesina. La primera de ellas se tragó en unos instantes a los mejores compañeros de Odi seo/Ulises. Oigamos, al respecto, el relato de Homero por boca del héroe: "Pasábamos el estrecho llorando, pues a un lado estaba Escila y al otro la divina Caribdis, que sorbía de horrible manera la salobre agua del mar. Al vomitarla dejaba oír sordo murmurio, revolviéndose toda como una caldera que está sobre un gran fuego, y la espuma caía sobre las cumbres de ambos escollos. Más apenas sorbía mostrábase agitada interiormente, el peñasco sonaba alrededor con espantoso ruido y en lo hondo se descubría la tierra mezclada con cerúlea arena. El pálido temor se enseñoreó de los míos, y mientras contemplábamos a Caribdis, temerosos de la muerte, Escila me arrebató de la cóncava embarcaci ón los seis compañeros que más sobresalen por sus manos y por su fuerza. Cuando quise volver los ojos a la velera nave y a los amigos, ya vi en el aire los pies y las manos de los que eran arrebatados y me llamaban con el corazón afligido, pronunciando mi nombre por la vez postrera, (...), mis compañeros eran llevados a las rocas y allí, en la entrada de la cueva, devorábalos Escila mientras gritaban y me tendían los bra zos en aquella lucha terrible. De todo lo que padecí, peregrinando por el mar, fue este espectáculo el más lastimoso que vieron mis ojos".


PREDICCION DEL ORACULO

Entre las "Nereidas" sobresale por su hermosura y prestancia Tetis, a la que pretendieron todos los dioses del Olimpo, incluido el propio Zeus. Sin embargo, según algunas tradiciones, parece que ella rechazó a este último por respeto a Hera -esposa, como ya sabemos, de Zeus-, que la había cuidado y atendido. Otras versiones indican que el oráculo había predicho que el hijo que naciera de Tetis sería mucho más poderoso que su padre y, por esto mismo, los astutos dioses prefirieron desentenderse para evitar posibles funestas consecuencias y, al propio tiempo, enviaron a Iris -la mensajera de los dioses- en busca de un mortal que estuviera dispuesto a tener descendencia con la bella nereida. La mensajera de los dioses se dirigió hacia el lugar en el que moraba el centauro Quirón, el más sabio y célebre de entre los maestros e instructores de la antigüedad. Entre los guerreros de prestigio y hombres ilustres que, a la sazón, se hallaban en casa de Quirón recibiendo sus enseñanzas, destacaba el joven Peleo, de ascendencia noble y cargado de arrojo y valentía. Y en él se fijó, precisamente, Quirón para llevar a la práctica los planes de los dioses respecto a Tetis; por lo demás, el célebre centauro tenía en gran estima al joven Peleo y se había erigido en su protector. Sin embargo, la bella nereida no acepta que le elijan sus amantes, ni sus esposos y, por tanto, decide rechazar a Peleo para no sentirse humillada. Entonces, el valeroso joven, asesorado siempre por su protector Quirón, elabora un plan para capturarla por la fuerza.


UN FELIZ FINAL

Cuentan las leyendas que Peleo esperó a Tetis a la entrada de una cueva que ésta utilizaba con cierta frecuencia y, en cuanto apareció, se abalanzó sobre ella y la sujetó con toda su fuerza y energía. En vano la infeliz nereida ensayó toda clase de artimañas y ardides. Se convirtió en viento, en fuego, en agua...; se metamorfoseó en serpiente, león, tigre, ave... 
Por fin, se transformó en una monstruosa y enorme jibia que arrojaba negra tinta contra su opresor. Más todo fue en vano y, al fin, tuvo que doblegarse y aceptar compartir su destino con tan persistente pretendiente. Los desposo rios se celebraron con gran pompa y boato en la cima de un mítico monte de la región y los propios dioses del Olimpo asistieron como testigos excepcionales y se sentaron en sus tronos de oro. También las demás "Nereidas", las Musas y los Centauros, acudieron al fastuoso acto. Sólo la Discordia -hija de la Noche, considerada como una divinidad perniciosa- estuvo ausente, pues nadie la invitó para que la ceremonia transcurriera plácida y armónicamente. Sin embargo, cuando menos se la esperaba, apareció ante los felices comensales y les arrojó, como ya sabemos, la mítica "manzana de la discordia" con la recomendación de que debía ser entregada únicamente a la más hermosa de entre todas las deidades. Y así, se introdujeron las desavenencias entre los asistentes a la boda de Peleo y Tetis. Una vez más, la Discordia había jugado con precisión el papel que le correspondía, es decir, el de aguafiestas.


EXTRAÑO RITUAL

La joven pareja tuvo varios descendientes pero que, Tetis, apenas nacían, los asfixiaba con su divinal fuego para que los hijos de la deidad no heredaran rasgo mortal alguno de su padre. Peleo comenzó a sospechar que algo raro estaba sucediendo, pues ya eran seis los hijos que morían nada más nacer, y se propuso vigilar el comportamiento de su esposa, Pronto descubrió, con ocasión del nacimiento de su séptimo hijo - de nombre Aquiles -, que Tetis sometía a las tiernas criaturas a una especie de ritual cruento que los recién nacidos no podían soportar. Peleo arrebató en seguida a Aquiles de los brazos de Tetis, antes de que el niño fuere dañado con el ígneo fuego producido por la divinal nereida y ésta, encolerizada, abandonó para siempre a su esposo y regresó con sus hermanas y con su padre, Sin embargo, siempre estuvo pen diente de su hijo Aquiles y, en todo momento, lo protegió de los distintos peligros que le salieron al paso durante toda su vida de adulto. Por ejemplo, y ya que como guerrero audaz debería acudir a la guerra de Troya, su madre le procuró las mejores y más eficaces armas que hasta entonces se habían fabricado, obra del mítico herrero Hefesto/Vulcano. Muchos avatares, no obstante, le sucedieron al arrojado Peleo du rante su vida. Algunos narradores de mitos nos lo muestran como un personaje que siempre huye de los distintos lugares que visita; y ello, a causa de los sucesos en los que siempre se encuentra inmerso, muchas veces en contra de su propia voluntad. Por ejemplo, se narra que Peleo tuvo que huir de la ira de su propio padre porque aquél se había confabulado con su hermano Telamón para dar muerte a Foco, hermanas tro de ambos y favorito de su padre.


DESVENTURAS DE PELEO

En otra ocasión, Peleo mató a su compañero de cacería de manera totalmente accidental, pero fue perseguido por ello y tuvo que huir. El aguerrido joven también tomó parte en la famosa expedición de los Argonautas y participó en los diversos juegos fúnebres que, en honor de Pelias -uno de los gemelos de Posidón y Tiro que mandó a buscar el Vellocino de Oro-, había institucionalizado su único hijo varón. Las crónicas narran que Peleo fue acogido en la corte del rey de la región de Ftía, cuando aquél fue expulsado de la casa de su padre y que, cansado de huir y vagar en medio de tanta violencia, se dedicó a cultivar y explotar los pastizales y tierras que este mismo monarca le había donado. Más la madre de su hermanastro, que nunca cejó en la persecución del muchacho, enviscaba, en cuanto se le presentaba ocasión, a sus rebaños un fiero lobo, para que los animales de Peleo se dispersaran y huyeran, eso cuando no habían sido devorados por el sanguinario depredador. Sin embargo, Tetis, que siempre protegía a su hijo Peleo, convirtió al temible lobo en una inerme estatua de piedra. Ocasiones hubo, además, en que el joven gue rrero se vio implicado en intrigas amorosas. Particularmente cuando rechazó los ofrecimientos de la mujer del rey Acasto, que a la sazón era anfitrión de Peleo, y ella -dolida y disgustada ante el desprecio de que fueron objeto sus encantos por parte del héroe- le acusó de intento de violación. El marido quiso vengar el honor de su esposa y, mientras Peleo dormía, le robó la espada y la enterró. Cuando éste despertó, se vio desarmado y rodeado de centauros en actitud amenazante. Pero Quirón acudió, una vez más, en ayuda del héroe y logró salvarlo


COMPAÑEROS DE FATIGAS

Las peripecias de Peleo, sin embargo, fueron tan diversas que, por lo general, siempre se hallaba vagando de un sitio a otro; pues en ningún lugar hallaba acomodo seguro ni contento pleno. Y, así, en cuanto el célebre centauro Quirón le devolvió la espada, Peleo desafió a quienes, con subrepción y cobardía, se la habían arrebatado y escondido. De manera especial dirigió su cólera contra Acasto, por haber creído los infundios propalados por su esposa. Como sabemos, no sólo fue incierto que Peleo quisiera abusar de ella, sino que fue ésta quien asedió al héroe deseosa de conseguir que cayera rendido a sus pies. Lo cierto es que Peleo conquistó la ciudad gobernada por Acasto, hasta entonces su admirado amigo, y capturó a su esposa infligiéndole cruel y decisivo castigo.
Peleo acompañó también al belicoso héroe Hércules/Heracles, cuando éste organizó la expedición para llegar hasta la región de la Capadocia, en cuyos territorios habitaban, y gobernaban, las míticas mujeres guerreras que la tradición conocía por el nombre de "Amazonas". No se permitía a los hombres formar parte de esta sociedad de mujeres; aunque, una vez al año, se hacia una excepción y, aquéllos, podían convivir con las Amazonas durante un día entero, transcurrido el cual eran expulsados sin ningún miramiento. Además, se prescindía de los niños varones y sólo eran aceptadas las hembras, a quienes se las adiestraba para la caza y la guerra. Hércules y Peleo se adentrarían en el territorio de las belicosas mujeres para recuperar el cinturón que le había sido entregado a Hipólita - por entonces reina de las "Amazonas" - como símbolo de mando y realeza.


LAS AGUAS DEL RIO ACIS

Otra de las más célebres nereidas fue Galatea. Su nombre aparece asociado siempre al del legendario gigante Polifemo; aunque, la más ancestral tradición, asegura que la bella nereida estuvo siempre enamorada de un sencillo pastor llamado Acis. Las controvertidas circunstancias en las que Galatea se ve inmersa, a causa de este amor imposible, darán lugar a la conocida leyenda del gigante Polifemo. Galatea era hija del anciano Nereo y de una de las más delicadas y hermosas ninfas marinas. Todos los encantos de la madre los heredó la hija, por ejemplo, la delicadeza en el trato, la figura estilizada de su cuerpo, la serenidad de ánimo... No es extraño, conforme a la ley de los contrastes, que un personaje tan deforme y bruto como Polifemo se enamorara de la bella y tierna nereida. Polifemo era hijo de la máxima deidad de todas las aguas y de la ninfa Toosa. Pertenecía a la raza de los "Cíclopes" que, según las más antiguas fábulas, tenían su morada en las islas del Mediterráneo. Estos se caracterizaban por ciertos rasgos físicos -poseían una talla descomunal y un único ojo en la mitad de su ancha frente- que, según parece, heredaron de los antiguos moradores de aquellos parajes. Acerca de la presente fábula, existen versiones diferentes. Unos narradores afirman que Galatea dio su consentimiento a las proposiciones amorosas del monstruoso cíclope y accedió a tener con él tres hijos, cuyos nombres fueron Ilirio, Celto y Gálate. Otros cantores de mitos, sin embargo, explican que la ninfa se enamoró loca mente de un pastor siciliano llamado Acis y que éste le correspondió. En cuanto Polifemo descubrió el romance de su amada con el pastor, fue en busca de éste y, en un ataque de ira y celos, lo aplastó con una enorme roca. La sangre de Acis se transformaría en cristalino río que, desde entonces y ya para siempre, manaría bajo la enorme piedra que sepulta al desdichado joven.


CASIOPEA

Una de las nereidas más legendarias fue Casiopea que, según cuentan las distintas narraciones míticas, había alardeado tanto de su belleza que le sobrevino un castigo por parte de Posidón. Este, haciéndose eco de las protestas de las demás nereidas, que se quejaban por la actitud arrogante de Casiopea, anegó con un voluminoso torrente de agua el territorio de Etiopía, lugar en el que vivían ella y los suyos, y les envió un monstruo marino que causaba pavor entre los habitantes de la región. Casiopea estaba casada con el rey de los etíopes y tenían una hija llamada Andrómeda. La infeliz muchacha tuvo que ser expuesta ante el monstruo y atada a una roca, pues así lo había prescrito el oráculo cuando fue consultado para conocer la manera de librarse de todo el mal que aquejaba al país. Fue entonces cuando acertó a pasar por aquel lugar el valiente guerrero Perseo, que volvía triunfante, después de haber seccionado la cabeza de la Gorgona Medusa. El héroe propuso a los etíopes que acabaría con el monstruo marino si a cambio recibía por esposa a la hermosa Andrómeda. Sus pretensiones fueron aceptadas al instante, y Perseo se enfrentó al dragón y lo venció con facilidad, pues, entre otros objetos aptos para el combate, llevaba consigo, como arma especial, una hoz de acero puro que le había entregado Hermes, el enviado de los dioses del Olimpo, poco antes de enfrentarse a las tres Gorgonas. El héroe y la bella se fueron juntos, no sin antes resolver satisfactoriamente ciertos asuntos, y vivieron felices.


ARETUSA

El bondadoso Nereo también fue padre de ciertas ninfas de extraordinaria belleza que habitaban en la región del Peloponeso. Tal es el caso de la joven Aretusa que, desde su más temprana edad, ya formaba parte del cortejo de la diosa Artemis/Diana. Y, así, su única diversión era la caza; y su único placer consista en retozar por bosques y prados con la única compañía de su arco y su aljaba. Fiel seguidora de la diosa Diana, a ella servía exclusivamente; por lo que rechazaba toda proposición amorosa y toda pretensión de afecto por parte de quienes valoraban, justamente, su sin par hermosura.
Entre todos los admiradores de la dulce ninfa sobresale Alfeo, uno de los hijos de Océano y Tetis, que se hallaba tan prendado de los encantos de Aretusa que, según cuenta la tradicional leyenda, fue transformado en río para así conseguir unirse a la ninfa, una vez que ésta fuera transportada hasta los valles de Sicilia para que, después de alejarla del cortejo de las ninfas de Diana, pudiera ser metamorfoseada en fuente que acogiera en su seno las aguas de su enamorado Alfeo. Otras versiones de la feliz leyenda explican que Alfeo era un dios-río y, en cierta ocasión, a lo largo de su desembocadura hacia el mar, descubrió en la espesura de los bosques a la bella ninfa Aretusa. Esta seguía cazando y corriendo sin que las aguas del dios-río pudieran alcanzarla. Fue entonces cuando los dioses decidieron convertirla en fuente de cristalinas aguas. Se dice que Alfeo, el dios-río atravesaba los océanos y los mares sin mezclarse con el agua salobre de éstos para, así, llegar incontaminado hasta el lago límpido y puro que formaban las aguas del manantial de Aretusa.


NICEA

Es otra de las ninfas relacionadas con un dios-río. En este caso se trata del dios-río Sangarios, que discurría por la región de Erigia y había sido engendrado por la unión del Océano y Tetis, la más famosa de las nereidas. Nicea era el fruto de la unión entre la diosa de la fertilidad y el dios-río Sangarios y, al igual que Aretusa, tampoco le preocupaba el amor, sino únicamente la caza. Numerosos pretendientes fueron rechazados por la joven ninfa, una y otra vez. Entre éstos destaca un sencillo pastor llamado Himno que profesó por Nicea un especial favor, aunque nunca fue correspondido. Los narradores de la presente leyenda explican que Himno se volvió medio loco de amor por la bella ninfa y que, al sentirse definitivamente relegado por ella, perdió toda compostura y respeto, hasta el punto que intentó violarla. Pero Nicea, al verse atacada por el pastor frigio, tensó su arco, y apuntando hacia su agresor, disparó una certera flecha que le produjo la muerte.
Pero, según explica la tradición popular, hubo un personaje mítico que consiguió seducir a la arisca y bella ninfa. Se trata, nada menos, que de Dioniso/Baco, el dios del vino, quien, valiéndose de una ingeniosa artimaña, se unió a la ninfa Nicea y tuvo con ella varios hijos, entre ellos a Sátiro. El astuto dios, sabedor de la actitud esquiva de la bella Nicea, ideó un plan para conquistarla sin esfuerzo. Para ello, la siguió con cautela y la acechó taimadamente. Cuando la ninfa fue a saciar su sed a un manantial de agua fresca y cristalina, el dios Baco aprovechó para convertir el agua en vino y, Nicea, se emborrachó, y consintió en yacer con su engañador.


NERITES

Muchas otras hijas tuvo Nereo, el anciano sabio que habitaba el mar y lo hacía más apacible. Todas tenían en común atributos relacionados con la belleza física y la transparencia de las aguas que habitaban. Los humanos tenían en gran aprecio a las "Nereidas" y erigían altares en su honor; les consagraban bosques, valles, montañas, fuentes, ríos y mares. Se les ofrecía miel, aceite y leche, cuando se intentaba iniciar un viaje largo y peligroso, para predisponerlas favorablemente. La iconografía de todos los tiempos representaba a las "Nereidas" dentro de un conjunto en el que destacaban caballos marinos sobre los que cabalgaban y, en ocasiones, portaban en sus manos una corona que simbolizaba el poder sobre las aguas y sobre las criaturas que se mueven, y moran, en sus abisales profundidades. La tradición popular, no obstante, las identifica con las sirenas, y las asocia a una imagen mixta, mitad forma humana y mitad cola de un gran pez.
Sin embargo, conviene destacar que el anciano Nereo tuvo un único hijo varón, al que puso por nombre Nerites. En realidad, se trataba de un bello efebo al que hasta las diosas más hermosas pretendían. Incluso Afrodita/Venus -la deidad que más sabe acerca del amor y del afecto- se enamoró de Nereus. Y cuentan las crónicas que fue tal la influencia que aquél ejerció sobre la diosa, que hasta quiso llevárselo al Olimpo, el monte sagrado e idílico en el que habitan los dioses. Para ello, la divinal Venus donó unas alas al hermoso Nereus que éste rechazó, alegando que deseaba seguir viviendo entre los suyos y en su medio, es decir, en el Océano. Venus montó en cólera y convirtió al joven efebo en una caracola y la fijó a una roca; le quitó las alas y se las regaló a Eros, su nuevo acompañante.


EL AMOR DE POSIDON

Existían otras versiones de la presente leyenda que explicaban que también Posidón se había enamorado de Nerites y que, éste, le corresponda. Pero cuando seguía al dios del mar el joven efebo lo hacía a gran velocidad, pues nadaba con tal rapidez que nadie podía igualarle. Los celos y la envidia se apoderaron de Posidón y, en un arrebato de rabia, transformó a Nerites en concha y la incrustó y fijó a una roca marina.
Parece poco verosímil, sin embargo, la versión antedicha puesto que nadie conocía los caminos del mar, ni surcaba los inmensos océanos, como el propio rey de las aguas, el gran Posidón, a quien corresponda el dominio sobre la superficie y el fondo de mares y océanos. Las profundidades abisales del mar Egeo albergaban el palacio de Posidón y, en cuanto se lo propusiera, podía levantar olas inmensas y embravecer las aguas otrora tranquilas de lejanos mares. Además, todos los monstruos marinos le debían obediencia y acatamiento, al igual que el resto de las demás criaturas que moraban en las aguas. Por lo tanto, Nerites era un vasallo de Posidón, un servidor suyo y, en fin, una criatura inferior al rey de todas las aguas, mares y océanos. Como Posidón participara en la confabulación que reunió a sus hermanos contra Cronos/Saturno -el padre que devoraba a sus hijos nada más nacer, para que ninguno de ellos le arrebatara el trono al crecer-, le correspondió el dominio sobre las aguas.


LAS NAYADES

Los ríos, fuentes y manantiales, se hallaban protegidos por las Náyades. Estaban consideradas como diosas menores y tenían su morada en las tranquilas aguas de la fuente, manantial o río que las había engendrado. En ocasiones vivían, también, en las cavernas construidas por la erosión marina e, incluso, habitaban en los frondosos y húmedos bosques regados por la lluvia y bañados por rápidos torrentes. Había también Náyades en las riberas del mítico río Leteo, célebre porque bordeaba la ribera de los Campos Elíseos y se adentraba en las grutas y cavernas infernales del Tártaro. Era, pues, un río del infierno y en sus pestilentes aguas bebían todas aquellas almas de los mortales que deseaban olvidar su pasado culpable y venal. Las peculiaridades de que se revisten las Náyades, a lo largo de los tiempos, apenas han variado. Siempre aparecen, en último término, relacionadas con determinadas leyendas que tienen su origen en la más ancestral tradición. No hay fuente, río o manantial que no tenga su Náyade protectora y, por lo general, todas compiten en belleza, dulzura y serenidad. Las Náyades eran muy hermosas y se mantenían siempre jóvenes, por lo que se las pedía, con frecuencia, consejo y ayuda. De aquí que desarrollaran cualidades y virtudes proféticas y salutíferas. Su canto y su música tenían la propiedad de apaciguar la encocorada realidad en la que se veían inmersos los mortales. Todos acudían a ellas en demanda de ayuda para que calmaran su angustia e inquietud interiores. Se les inmolaban animales, cabras y corderos, y productos y frutos de la tierra, como miel, leche, vino, aceite y flores. Eran las más benéficas de entre todas las criaturas.